Esta semana, la directora de El País, Soledad Gallego-Díaz pasaba a formar parte del nutrido grupo de periodistas que demonizan las nuevas tecnologías de la comunicación.

En el Foro de Nueva Economía en la mañana del pasado lunes 10 de septiembre, en el Hotel Palace de Madrid, la directora defendía que la gran expansión de las redes, de innegable influencia, “asfixia a un periodismo, que debe defender sus reglas. Sin reglas, o con las reglas que se manejan en las redes sociales, habrá una catástrofe para el periodismo y también para la democracia, auguraba Soledad.

La conexión que permiten las nuevas tecnologías de la comunicación serán catastróficas para la sociedad y las ventanas que permiten sus aplicaciones por donde respira la libertad de expresión resultan tóxicas pero mientras, Gallego-Díaz nos presenta al periodismo de retaguardia como el gran héroe y salvador del planeta y de la democracia.

Si tal es,  como la directora de El País afirma; no quieras saber cuantos minutos de contenido extraído de las redes sociales digieres viendo los informativos de televisión pues resultaría terribles las nauseas. Y si confías  que en otros medios no utilizan los formatos de las redes sociales,  o incluso los mismos memes o gif´s es que no te has enterado que estamos ante el abismo de la humanidad inteligente, según parece decirnos Soledad.

Las redacciones al uso de los mass media en nuestro país beben cada día de la fuente de las redes sociales y de las tecnologías de la información y de la comunicación para sacar su trabajo adelante, pero Soledad como buena directora novel aún no se ha enterado.

La búsqueda de información a través de la red hace que sean en ocasiones los propios periodistas los que generemos foros de debate, hastag u otras herramientas que nos brinda la nueva era del entendimiento y la comunicación.

Son las vacas sagradas del periodismo y los elefantes de las redacciones quienes no ven venir el cambio generacional y rechazan el tecnológico y  prefieren saltar  a cargos más políticos para torpedear desde su atalaya aquello que pueda amenazarles.  Impedir que la noticia esté al alcance de la comunicación digital y que la verdad salga a las ventanas de las redes sociales, eso si que sería una catástrofe y amenazaría cualquier democracia. Además de miopía hacía el desarrollo y un pensamiento algo retrógrado, señora Soledad.

 

 

 

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