Al marketing político se le escapan pocas cosas.  Las estrategias son milimétricas para proyectar realidad, y acercarse a los problemas de una sociedad cambiante pero, ¿Lo consiguen?

Los esfuerzos que los partidos políticos dedican al marketing y a la comunicación son ingentes. Briefings por todo el territorio nacional, asambleas, mesas de trabajo, encuestas, etc. Los partidos políticos se acercan día a día al Big Data sin miedo a la frontera del derecho a la intimidad recogido en el artículo 18 de la Constitución y los resultados son, campañas de comunicación acertadas y directas que podrían incluso modificar el sentir general de la población.

Tipografías selectas, colores analizados que proyectan sensaciones, ilustraciones vivas en el imaginario de la ciudadanía, mensajes precisos dirigidos a la conciencia social y convencionalismos visuales para apoyar los valores de cada partido inundan calles y espacios públicos cada campaña en cualquier rincón del país.

Por ejemplo, en estas elecciones y tras la crisis de unidad las banderas aparecen de nuevo en casi todas las campañas de los principales partidos, visibles o de forma simbólica, el lienzo se deja ver en muchos carteles para acercarse al votante cuya idea se aproxime a un territorio como el conocido hasta ahora, y los colores hacen gala también en la cartelería del Partido Popular, Vox y Ciudadnos. El rojo y amarillo es el denominador común de las campañas de publicidad de estas agrupaciones políticas.

En cuanto a las imágenes de los líderes políticos, El PSOE, PP y Ciudadanos ofrecen la cara de su líder como garantía de compromiso. El partido socialista lo hace apoyado en una imagen más de serenidad intentando representar la solidez de estado y para ello, trata de acercarse a la firmeza y la realidad, a través de las arrugas del atractivo de Pedro Sánchez, mientras que el Partido Popular ofrece una imagen de renovación a través de la imagen perfecta de su candidato con un brillo y una tersura que solo photoshop  puede ofecer. Ciudadanos lanza la campaña más agresiva, el candidato aparece en movimiento al estilo de los carteles de las películas de acción aunque su eslogan es difuso. Vamos. ¿A dónde? ¿A qué?

El otro principal partido político que lleva a su líder en la cartelería es Vox pero la actitud, la posición y el gesto del candidato es bien diferente. Colocado a modo de reverso de moneda, el líder ofrece el perfil, la cara aún no parece dispuesta a darla,  y plantea una mirada perdida en el vacío en el que se supone está la solución a los problemas de gobierno, o quizá los votantes desperdigados que espera obtener de otros partidos.  Aunque cromáticamente sea un caos, la tipología es más que correcta y el eslogan un acierto. Un partido que en identidad de marca gana en esta campaña.

Unidas Podemos vuelve a sus orígenes. Es la única formación política en campaña apelativa y el cambio de su nombre, con intención feminista, otro de los aciertos de la campaña. El líder desaparece lo que de alguna forma devuelve a los simpatizantes el papel que han tenido siempre en la política de los círculos y de los  barrios. Gráficamente está bien complementada y recuerda a campañas anteriores de la izquierda en las que había personas a medio construir como una manera de construir un futuro juntos. La tipografía y el degradado de colores deja claro que no quiere resultar una campaña impositiva, una imagen que acompañó al líder de la formación en los recientes debates de televisión.

Sobrevivir estos días entre los recursos propagandísticos más tradicionales de los partidos políticos resulta complicado. A cada paso por la calle preferida de la ciudad se esconde un batiburrillo de imágenes, eslóganes, tipografías, colores e ilustraciones que dejan ver el momento político que se vive en el país, y el paseo se puede hacer cuesta  arriba.

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