La comunicación directa admite muletillas, redundancia, reiteraciones, saltos de un tema a otro, onomatopeyas, etc. Un océano de conexiones y modelos de comunicación que cómodamente se han albergado en el formato digital, a través de múltiples formas, y que representan una alternativa a la comunicación actual.

La abolición del término “exclusiva”, el acceso unidireccional a la fuente, o el control de los tiempos narrativos, se enfrentan a cambios y alteraciones y quizá por eso, en determinados territorios, la comunicación directa digital representa todavía una amenaza.

Así, los medios de comunicación tradicionales luchan frente al futuro Big Data con dosis de investigación edulcoradas de relaciones empresariales que permitan la pervivencia económica del medio, y los medios estatales, admiten como resignación un tratamiento informativo paralelo a la línea editorial del gobierno de turno.

En este tiempo, la blogosfera aumenta su masa con criterios informativos y las redes sociales engrasan a incontables start up que trabajan cada día con la emoción de crear una verdadera aldea global en la que la expresión sea libre y su aportación, tributo de una atmósfera comunicativa e informativa mejor. Entre tanto, una app cualquiera, continúa haciendo la vida más fácil a millones de personas.

Hasta que llegue la armonía al escenario comunicativo, entre tanta calificación y valoración sobre si los medios tradicionales sobrevivirán o se adaptarán o, sobre si la comunicación digital logrará  seguridad y confianza, resulta imprescindible propiciar una escala de valores informativos acordes a la nueva atmósfera comunicativa. Un lenguaje común para todos los actores que hoy intervienen en la comunicación y en la información de la sociedad.

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