La crisis obligó a “echar la trapa” a demasiadas empresas pero sin duda,  hay menos establecimientos con la verja bajada tras el tsunami económico,  que web´s en el cementerio del comercio electrónico o redes sociales que descansan ya en el olvido de una start up que pereció de muerte súbita y ¿Quién computa este desastre?

Porque, los datos oficiales, y la imagen, siempre es referida al pequeño empresario que llevaba toda la vida en el barrio, o a la firma local que durante décadas sumó confianza generación tras generación pero, pocas veces aparece en el reportaje o en la memoria  de la sociedad, cuando los telediarios vomitan los datos, el SEO que se asfixió de indiferencia en despachos con moqueta o el community que le aplastó una avalancha de seguidores falsos generados por los trileros de la comunicación.

Y ahora pasó el tsunami y aún así se pretende, en ocasiones, justificar tal tropelía. La frase que se oye es: “Aguantan los buenos”. Pues no. No señores. Las películas no siempre acaban bien. Es más, justificar el horror para sentirse mejor es de patéticos, como diría uno que yo me se.

 

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